Capítulo 8: Una metedura de pata, un fisgón y un chateo (versículo primero)

Vamos a ver, Nieves, que me estás poniendo histérico, y el día ya viene un tanto jodido. Si mi vecina pensaba que, durante sus vacaciones, iba a estar subiendo a mi casa para ponerme de los nervios, se equivocaba de cabo a rabo. No había dejado que me terminara el almuerzo, se había sentado a mi lado frente a la mesa y había empezado a contarme una serie de historias inconexas, rumores, ruidos raros, risas que no venían a cuento y sospechas a granel.
—Pero Juan, que todo esto es muy raro, que te lo digo yo.
Mientras hablaba, se retorcía las manos nerviosamente, y las pulseras de plata de sus muñecas sonaban como cascabeles.
—Nieves, ¿me lo quieres contar despacito, o te preparo un barreño con tila?
Vicente iba y venía a la cocina, quitando platos de en medio, y me miraba por encima de los hombros de Nieves, arrugando la frente en su conocida expresión de Qué Carajo Está Pasando. Yo le respondía con un leve movimiento de
ojos: «que corra el aire, que ya te contaré»…

—¿Te acuerdas de las risas que escuchamos el otro día y que venían del piso de Odón? Bueno, pues se han vuelto a  repetir… Que si risas, que si entradas y salidas a horas un tanto extrañas…
—Pero eso no tiene nada de raro, mujer; eso es lo más natural del mundo. Tendrá cosas que hacer en la oficina o vendrá de ver a unos parientes, o yo que sé… Es que le estás buscando tres pies al gato.
Desde luego, las mujeres son capaces de ver lo que no ve nadie.
—Y una leche «cuidado, que se estaba mosqueando». ¿Es que tú te crees que todo eso me lo estoy inventando? Es que
no es normal, nada es normal, empezando con la historia del infarto…
—Vaya por Dios… ¿Qué demonios tiene de extraño lo del infarto? —Me estaba empezando a poner un tanto trastornado;
una cosa era escuchar ruidos y a partir de ahí inventarse historias y otra era ver asuntos turbios en la muerte de una vecina—. Porque espero que no me quieras decir que…

—Yo no quiero decir nada; sólo que me parece muy raro  que una mujer que nunca ha padecido del corazón se muera
de pronto de un infarto.
—Pero ya escuchaste al médico, esas cosas pasan…
—¿Y las risas? Joder, estaba su mujer recién incinerada y se escuchan carcajadas en su casa —cada vez se estaba  enfadando más, así que decidí ir con más cuidado que dos puercoespines haciendo el amor—. ¿Eso de las risas también es
normal? ¿Te lo dijo el médico?
—Nieves, no te me pongas sarcástica. Ya te dije que eso podía ser la tele… Además, Odón es un tío muy normal y  respetable, y no tiene ninguna pinta de asesino loco psicópata ni nada por el estilo… Un vecino normal, como todos…;
bueno, no tan normal, pero…

Ups, se me escapó, y esperaba que ella no se diera cuenta.
—¿Cómo que no tan normal? ¿Eso qué quiere decir? Tú sabes algo y no me lo quieres contar…
Vaya por Dios, como que se le iba a escapar a ella mi pequeña metedura de pata o, mejor dicho, de lengua.
—Eh, ¿yo? Yo no sé nada, yo no sé nada…, pero nada de nada; vamos, lo que sabe todo el mundo, él es contable, y
bueno…
—¿Me lo vas a contar o tendré que decirle a todas las mujeres del barrio que la tienes muy pequeña?
—¿Ein?, no serías capaz de eso… De mentir para…, porque, bueno, tú no me has visto desnudo…, bueno, casi, pero claro, yo estaba borracho y…
Por Dios, me estaba metiendo en un berenjenal del que no sabía cómo demonios iba a salir, si es que existía una salida.
—Juan, Juan, Juan… ¿A quién crees que le harán caso? ¿A ti, un treintañero que vive solo y anda siempre con unas
compañías un tanto extrañas, o a mí, una joven mujer soltera, trabajadora, formalita, que nunca ha montado ningún
escándalo ni se ha quedado dormida borracha en el ascensor?
La pregunta quedó flotando en el aire, delante de su cara sonriente y malévola. Me la podía imaginar en la panadería,
la frutería, el estanco, dejando su carga de injurias, dando combustible nuclear a las lenguas atómicas de las marujas. Joder, en un solo día aquel rumor podría llegar hasta Australia, y las cosas se me podrían poner un tanto complicadillas a la hora de arrimarme a una mocita. Habría que negociar.
—Nieves, júrame por lo que tú más quieras que esto quedará entre tú y yo, por favor.

—Que sí, hombre, que no se lo voy a contar a nadie, pero empieza a cantar que me estás asustando.
Ante semejante chantaje no tuve más remedio que claudicar, hincar la rodilla en tierra y largarlo todo, con pelos y
señales, ante la satisfacción de mi vecina. Le conté lo de las revistas porno, las películas sin diálogos y las cintas de video
caseras. La cara de Nieves iba cambiando por momentos, abriendo la boca poco a poco hasta que sus labios formaron
una O mayúscula.
—Pero eso que me estás contando es muy fuerte, muy fuerte… Así que esta pareja llevaba una doble vida; bueno, quizás…
—¿Quizás? ¿Cómo que quizás? Ahora eres tú la que me estás acojonando.
—Pues que a lo mejor no eran los dos los que llevaban una vida oculta y secreta; quizá sólo sea Odón el que tenga su lado oscuro…
Caramba, aquella era una posibilidad que no había tenido en cuenta; me había precipitado al formular mi hipótesis, algo imperdonable para un matemático como yo. Y, sin embargo, Nieves había encontrado caminos alternativos y soluciones distintas a la mía, algo que habría que considerar y tener muy en cuenta.
—Pues mira, no lo había pensado, y puede ser, sí que puede ser.
—Claro que puede ser, no ves que esa tía era una lacia y una monjilla arrepentida…

Vicente hablaba desde la puerta del salón. El muy mamón se había quedado allí, escuchándolo todo, se había empapado de toda la conversación y sólo le faltaba el paquete de palomitas y la lata de refresco, «pasen y vean».

Anuncios

Gracias por dejar tu comentario...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s