Capítulo 8: Una metedura de pata, un fisgón y un chateo (versículo segundo)

—Vicente, joder, qué susto me has dado… ¿Se puede saber que haces ahí, espiándonos? Cada día te pareces más a la portera, leches, que sólo te faltan los rulos en la cabeza.

—Coño, que fregar platos es muy aburrido, y esto tiene una pinta acojonantemente interesante. Así que decidí echarme un rato aquí, en el quicio, a descansar, y casualmente…
—En fin, ya no tiene remedio… Anda, vente aquí y siéntate, así por lo menos seremos tres y no dos comiéndonos la cabeza. Nieves, este es Vicente, un amigo que se va a quedar a vivir conmigo hasta que lo eche a la calle por fisgón.
—Sí, ya lo conozco de cierta noche…
—Es un placer, señorita.
Vicente es el tío más pelota del globo y alrededores, pero me parecía a mí que con Nieves no le iba a funcionar.
—Eh, oh, hola…
—Ejem, ejem… Hechas las presentaciones, ¿podemos volver al tema? Así que creéis que era Odón, y no los dos, el
que tiene algo que ocultar, ¿no?
—Sí, eso me parece más normal —Nieves me hablaba a mí, pero le echaba un ojo a Vicente, no se le ocurriera a
hacerle algo, digo yo.
—Y esto nos lleva a la siguiente pregunta… Si la mujer no le seguía el rollete pornográfico, ¿qué demonios es lo que
hay grabado en las cintas de video caseras? Porque seguro que no son partidos del Madrid…, a no ser que la mujer
odiara el fútbol.
Vicente acababa de poner el dedo en la llaga; si teníamos en cuenta la posibilidad de que Remedios del Valle no estuviera
implicada en las sesiones porno-erótico-festivas de su marido, la cuestión se tornaba más complicada.

—Bueno, bueno, bueno, creo que le estamos dando demasiadas vueltas a lo que sólo son pajas mentales, así que
vamos a relajarnos y…
—Lo que podríamos hacer es entrar en casa de Odón y ver que es lo que hay en las cintas.
Joder con Vicente. Si lo llego a saber, lo encierro en el cuarto de baño.
—Esa es una gran idea, claro que sí, y así saldríamos de dudas.
«Anda, lo que faltaba, la otra que le seguía la corriente».
—Eh, un momentito, ¿se puede saber qué clase de hierba os habéis fumado los dos esta mañana? ¿Estáis majaras o qué?
Aquella conversación estaba tomando unos derroteros totalmente inesperados, disparatados y locos; entre los dos
se estaban montando una película de la que yo, además, era el máximo responsable, por mi incontinencia verbal. Pero
no iba a permitir que se…
—Vamos a ver, Juan —cuidado… Nieves adoptaba la postura de Niña Buena y Responsable, aunque lo que soltara por su boquita no tuviera nada que ver con la responsabilidad—. Está claro que aquí hay gato encerrado.
—Eso —apostilló Vicente.
—…Y la única manera de averiguar que pasa aquí es entrar en el piso y ver lo que hay en esas cintas.
—Claro, y de paso, revolvemos los cajones y buscamos la habitación donde tiene los grilletes atornillados a la pared,
la cama redonda y los espejos por todas las paredes. De verdad, me dejáis helado— mientras les respondía, levantaba
los brazos, casi implorando ayuda divina para que volvieran a entrar en razón.

—Hostias, Juanillo, en eso no había caído yo —a Vicente se le abrieron los ojos hasta alcanzar el tamaño de dos ensaladeras—. Seguro que hay algún cuarto cerrado con llave y…
—Ya vale, ya vale… No quiero seguir oyendo nada de esto; no me hago responsable de lo que estéis tramando, ni quiero saber nada de lo que vayáis a hacer. No quiero tener que dar vuestros nombres cuando la policía empiece a torturarme.
—Juan, hombre, no te pongas así; si no hay ningún peligro de que nos cojan —coño, parecía que Nieves, mientras
hablaba, iba trazando sus planes a la velocidad del rayo—. Mira, todo es cuestión de hacernos con una llave. Odón
suele estar fuera todo el día, así que tenemos tiempo más que de sobra para entrar, buscar las cintas, verlas y volverlas
a poner en su sitio sin que se dé cuenta de nada.
—Joder, esta mujer es una joya; cómo le da a la cabeza…
—Sí, claro, una joya. Valientes joyas estáis hechos los dos. Dos perlas cultivadas… Pero ¿cómo leches vais a haceros con
una llave de la casa de Odón?
—Hacernos, hacernos…, no es exactamente lo que tenía pensado…
Ay, ay, ay… No me gustó nada la mirada de Nieves ni el guiño de Vicente. Me temía que ya estaban asignados los papeles en la película, y eso que yo no había participado en el casting ni nada por el estilo.
Conforme mi linda y tierna vecinita iba desgranando su plan me iba hundiendo cada vez más en el sofá, y al mamón de Vicente se le iba agrandando la sonrisa y abrillantando los ojos —la madre que lo parió—. Lo peor de todo era que en la escuela no me enseñaron a decir que no.

¿Qué estarán tramando? ¿Accederá Cacho a sus turbios planes? ¿Qué esconderán esas cintas de video? ¿Seguirá Guardiola? Todo eso y más en las próximas entregas de “Juan Cacho o un cacho de Juan”.

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