Capítulo 9: Un trabajillo, un registro y un susto de muerte (versículo cuarto)

«Eso, coge lo que sea, sal pitando y no vuelvas en, digamos, tres o cuatro meses».

—Bueno, como quieras, pero siéntate mientras que entro al despacho a coger los papeles, no te vaya a dar un mareo…

«Sí, hombre, aquel salón era el lugar menos indicado del globo para me diera un mareo».

Le seguí hasta la puerta del despacho con el miedo aumentando por momentos; seguro que Nieves estaba todavía allí, rebuscando tras los libros; delante, Odón se afanaba buscando una carpeta entre otras tantas amontonadas en ordenadas pilas sobre la mesa.

—Pues resulta que te quería decir que… Que… Que ya he resuelto el problema del prisionero.

Era lo único que se me había ocurrido —muy bien, Juan Cacho, estás que te sales del pellejo.

—¿Ah, sí? Vaya, pero no esperaba menos de ti… ¿Y cuál es la solución?

—Eh, oh, bueno… si no recuerdo mal la solución era…

En el reflejo de la ventana, detrás de mí, vi a Nieves gateando, pasando por delante de la puerta en dirección al salón, sonriendo; podía sentir cómo temblaban los botones de la camisa con cada latido del corazón, y la muy puñetera, encima, se lo estaba pasando del carajo. «Para matarla, oigan, para matarla, y con toda la razón del mundo».

—…Anda, pues no lo recuerdo… Menos mal que la tengo anotada arriba, en casa.

—Bueno, no importa, luego me lo… Vaya, aquí está la carpeta. Tengo que dejarte, que tengo mucho trabajo atrasado en la oficina.

—Sí, claro, por supuesto —como iba delante de él, taponándole la salida, decidí que no era el momento de andarse con carreras, así que, quedando como el más tonto de todo el barrio, desperdigué todas las monedas que tenía en el bolsillo por el suelo del pasillo—. Vaya, qué torpe soy…

Odón, detrás de mí, se estaba desesperando por momentos mientras yo, agachado y dándole el peor de mis perfiles, iba recogiendo una a una las monedillas de uno, dos y cinco céntimos que la chica del estanco me había dado de vuelta —se ve que estaba picada porque no la llamaba para quedar—. Él intentaba pasar pegado a alguna de las paredes del pasillo, pero yo no se lo podía permitir y hacía rodar las monedas o las empujaba hacia la pared en cuestión; lo escuchaba resoplar detrás de mí, impacientándose por segundos.

Esperaba que Nieves se hubiera escondido en el salón o que hubiera salido de la casa, porque no podía retenerlo más; en cualquier momento se cansaría y reventaría la puntera de sus zapatos en mi escaso culo.

—Bueno, Juan, pues nada; luego nos vemos si quieres, pero es que…

No paraba de mirar el reloj de pulsera, angustiándose ante el imparable avance del segundero.

—Sí, no te preocupes —le contesté, mientras le echaba una última ojeada al salón por encima del hombro de Camuñas. Nada, ni rastro de Nieves; seguramente, ya estaba a buen recaudo en casa, descojonándose de la risa.

Odón cerró la puerta, y se despidió mientras bajaba por las escaleras; alguien del bloque se estaba dedicando a contarle su vida y milagros a la portera, pero eso sí, con la puerta del ascensor abierta. Me quedé plantado en mitad de las escaleras, sin saber si subir o bajar. ¿Dónde estaría Nieves? ¿Habría salido? ¿Estaba en su casa? ¿Adónde debía ir yo? En estas discusiones mentales estaba cuando una mano se apoyó en mi hombro, poniéndome al borde de la entrada en urgencias con una pastilla de nitroglicerina bajo la lengua y todo un equipo de reanimación esperándome con el desfibrilador en los brazos.

—Leches, Nieves, que me vas a matar de un susto, joder…

—Jejejeje, es que me escondí en el salón, detrás del sofá. He abierto sin hacer ruido, y no he podido resistir la tentación… Anda, vamos a casa, que nos toca sesión de video.

¿Qué veía de divertido Nieves en todo esto? ¿Quizás torturar a nuestro pobre Juan Cacho? ¿Cuántas monedas llevaba nuestro héroe encima? ¿Y el video, sería VHS, Beta o 2000? Todo eso y más en las próximas entregas de “Juan Cacho o un cacho de Juan”

Anuncios

Gracias por dejar tu comentario...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s