Capítulo 11: Unas webs, una cámara y un par de problemas… (versículo segundo)

—Así que vamos a introducir esta clave que aparece al lado del nombre de la página, y así podremos acceder a todo…

Una pequeña ventana, como la que me salió en el ordenador de la academia, nos pedía una clave de acceso para entrar a disfrutar de los mejores contenidos amateur de la web. Ángel escribió el código correspondiente, y la pantalla cambió; ahora no aparecían fotos, ni pequeños anuncios ni nada parecido. Todo se volvió blanco, y sólo podíamos ver una enorme lista de carpetas amarillas.

—Oh, oh… Mejor salir de aquí…

Ángel parecía muy asustado, tanto que llevó el ratón al pequeño cuadrado que servía para cerrar la ventana del explorador.

—¿Qué pasa? ¿Por qué quieres cerrarla? Espérate, hombre, y cuéntame qué pasa, joder.

—Tío, esto no es la clave para poder ver todas las fotos y los vídeos… Esto es la clave del webmaster.

—¿La clave de qué?

Lo que faltaba, otro hablándome en arameo.

—Juan, el webmaster es el dueño de la página, el que lo controla todo. Bueno, en las empresas normales, el webmaster es alguien pagado por la empresa que se dedica a administrar la página y sus contenidos, pero en las pornos, en las pequeñas, claro, el webmaster suele ser el dueño de la página, así que es el que lo controla todo, el que pone las fotos y los videos…

—…Y el que se lleva la pasta por toda la gente que se conecta, ¿no?

—Exacto. Tío, ¿de dónde cojones has sacado esto?

Clic. Una nueva pieza acababa de caer sobre el tablero. Una pieza más de un enorme puzle que parecía enredarlo todo pero, por otro lado, daba algo de luz.

—¿Me estás diciendo, entonces, que el dueño de esta lista es el dueño de cada una de estas webs?

—Lo más probable es que sea que sí. Veamos las demás.

Una tras otra, fuimos visitando todas las webs del papelito de marras. Y todas, sin excepción, iban de lo mismo: fotos de chicas y chicos desnudos en sus casas, haciendo el amor, o simplemente desnudándose; todos gente normal y corriente, fotos tomadas en vestuarios, en probadores, en duchas de gimnasios… Joder, joder, joder, un momentito…

—Oye, ¿hay alguna página que tenga fotos de chicas en los lavabos?

—Coño, Juan, qué gustos tan raros tienes…

—No me seas gilipollas; anda, y míralo, es muy importante.

—Bueno, no te pongas así, que era una broma… Espera que las vemos y lo comprobamos en un segundo.

Al principio tardamos en encontrarla, pero al final, una de las webs del centro de la lista, http://www.tomadelfrascocarrasco.com, contenía vídeos de chicas en servicios. Le dije a Ángel que introdujera la clave, y buscara en qué directorios

se encontraban esos videos.

—Bueno, aquí tienes la lista de todos los vídeos de señoritas en cuartos de baño…; ¿podrías decirme que es lo que buscamos exactamente?

—Tengo un presentimiento…

Fuimos viendo los vídeos uno a uno, pero nada, no aparecía lo que yo esperaba. La corazonada se convirtió en humo y mis pensamientos tendrían que buscar otros caminos para hacerse realidad.

—¿Qué buscabas exactamente?

—Pues… Nada, cosas mías…

—De tuyas nada, chaval —con un rápido movimiento de la mano, apagó el monitor—. Desde el momento en que me has pedido ayuda en este asuntillo, también es cosa mía, así que ve desembuchando.

Mierda de niño. Pero llevaba razón, así que le hice un pequeño resumen de nuestra aventura de allanamiento de morada, robo, registro ilegal y demás cositas sin importancia. La cara de mi vecino estaba marcada por el estupor, como si no fuera capaz de creer que yo y su hermana —por Dios, mi hermana; si es una tontorrona— hubiéramos sido capaces de hacer lo que hicimos.

—Joder, qué fuerte, tío… Qué lástima. Podíais haberme llamado; me hubiera encantado. Yo, arrastrándome por el suelo, corriendo peligro, arriesgando mi vida…

—Mira, mira, James Bond, relájate, anda, que tienes muchos gorriones en la cabeza. Y como se entere tu hermana, u otra persona cualquiera del globo, de que lo sabes todo y de que yo te lo he contado, te corto las pelotas y se las llevo al Dudu para las albóndigas.

—Bueno, vale, tío, joder, qué borde… Tranquilo, que seré una tumba —sí, claro, y el agua no moja—. Entonces, estabas buscando los vídeos que viste en casa del vecino, a ver si habían salido de esta web, ¿no?

—Sí, pero no coincide ninguno.

—Bueno, puede haberlos sacado de cualquier parte; en las webs de los piratas puedes encontrar vídeos de estos a montones.

Justo después de acabar la frase, Ángel empezó a ruborizarse… Como dice el Teorema del Fallecimiento Oral, por la boca muere el pez.

—Ejem, ejem… Ya veo a qué dedicas tu tiempo libre. Anda que…

La puerta se abrió de golpe, y por el marco apareció la cara de Nieves, aún dormida.

—Oye, Juan, tu amigo Vicente te busca, y creo que desesperadamente.

Y para corroborarlo, al lado de la de Nieves apareció la menuda cabeza del Dedos. Tenía el color de la cera, y sudaba copiosamente, como si le estuvieran persiguiendo todos los números de la Guardia Civil.

Bueno, como se está poniendo el tema… Y ahora aparece el Dedos. ¿Qué le habrá pasado para ponerse así? ¿Será verdad que lo persigue la Benemérita? ¿Y por qué? ¿O por qué no? Todo esto y más en las próximas entregas de “Juan Cacho o un cacho de Juan”.

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