Capítulo 11: Unas webs, una cámara y un par de problemas… (versículo quinto)

Toma ya. Cuerpo a tierra. La bomba estaba en el aire. La cara de mi vecino se petrificó, y la boca se le quedó congelada, a medio abrir o medio cerrar, en un rictus un tanto gracioso.

—¿Cómo? ¿Qué quieres decir?

—Lo que acabas de oír. Sé que lo hiciste, pero no sabía cómo, la verdad.

—Debes estar bromeando, Juan, en serio. Si es una broma, es de un pésimo gusto y…

—No, no, no es ninguna broma. Verás, fue muy hábil por tu parte prepararlo todo para la reunión de la comunidad. Allí estaríamos todos y seríamos testigos de un infarto, algo relativamente corriente, aunque ella no hubiera estado nunca enferma del corazón.

—Juan, por favor, esto es de locos —no apartaba sus ojos de mí, e intentaba convencerme de que todo era una locura inmensa—. Sé que estás pasando por un mal momento, por el trabajo y eso, pero de ahí a que me inculpes del asesinato de mi mujer…

—Porque, claro, tú la querías, o al menos eso fue al principio de casados. Pero luego te diste cuenta de que ella no te daba lo que necesitabas; tú pedías siempre más, nuevas sensaciones, más morbo, y ella no podía dártelo, por su educación o por lo que fuera…

—Para ya, por favor, me estás haciendo enfadar.

Él seguía sentado, mirándome estupefacto, y yo me levanté de la silla de la cocina y empecé a dar vueltas mientras hablaba.

—Así que, no sé cómo, entraste en contacto con Jaime Calahorra; sí, mi jefe, el dueño de la academia. Quizás os conocíais de jóvenes, o un día entraste en una de sus webs y reconociste a alguna de las chicas que salen en los videos, no lo sé —había parado de protestar y me seguía con la mirada por toda la cocina mientras yo giraba a su alrededor, desliando el hilo del ovillo—. Y te pusiste en contacto con él. Creo que le hacíais chantaje a las chicas, amenazándolas con poner sus videos en Internet si no se mostraban receptivas a determinados favores, favores que tenían que pagar contigo, o quizás con los dos.

—¿Y cómo has llegado a esa conclusión, si puede saberse?

—He visto los videos, Odón, los he visto todos… Incluido el de Amparo.

La boca de Odón se abrió de par en par y, de pronto, sonrió, como si comenzara a comprender determinadas cosas.

—Claro, eso es lo que hacías en la puerta de mi casa… Pero eso sólo prueba que le fui infiel a mi mujer, y de ahí al asesinato va un buen trecho, ¿no te parece? —Me miraba divertido, como si yo fuera dando palos de ciego, sin poder llegar a ningún destino—. Todo eso no es más que…

—Bueno, todo eso son cuestiones menores comparadas con el asesinato. En algún momento, quizás en un descuido, un día limpiando el despacho, no sé, Remedios descubre las cintas de vídeo, y las ve. Entonces te lo cuenta y quiere separarse o divorciarse, o contarlo todo, no lo sé.

—Estás loco, realmente loco.

—O quizás ella sólo representaba un estorbo para tus planes y tenías que quitártela de en medio para poder seguir haciendo lo que más te gustaba —la mayoría de las cosas se me iban ocurriendo en el instante, pero todas tenían sentido—. Lo importante es que decides quitarla de en medio y hacerlo de una manera tan sibilina y retorcida que nadie pueda creer que lo hiciste tú. Qué mejor ocasión para quedar como un genio del crimen, que una reunión de la comunidad, con todos tus vecinos delante, y demostrarle al mundo que eres un cerebro privilegiado, que eres capaz de todo. Así que lo planeas todo cuidadosamente. Buscas algún tipo de droga o medicina que pueda provocar un infarto, o que al menos lo aparente y, sobre todo, que no deje señales.

—Juan…

—Lo que más me intrigaba era cómo demonios se la diste delante de todos; porque claro, cada uno cogió el vaso que le dio la gana, así que había que descartar que estuviera en el vaso, y también pensé que no podía estar en el té, porque todos bebimos de la misma tetera.

—¿Entonces?

Ya estaba realmente intrigado, y casi podía asegurar que quería oírlo todo para ver cómo había sido capaz de desenmascararlo.

—Entonces… Mi anemia y tus hobbies…

—¿Cómo?

 

¿Cómo? ¿Como que cómo? ¿Y ya está? ¿Nos va a dejar así? ¿Se habrá visto alguna vez semejante poca verguenza? En fín, tendremos que esperar a las próximas entregas de “Juan Cacho o un cacho de Juan”. Pero que poca vergüenza, habráse visto… 

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