Capítulo 12: Cinco dedos marcados, una nota y un café pendiente (versículo segundo)

—Me importa una leche.

—¿Y qué pasó?

—Pues, nada, cuando ya me he cansado de verla esperar, me he acercado a ella y le he dicho suavemente al oído: «No lo esperes, que nunca aparecerá».

—Definitivamente, tienes un taco de mala leche.

—Jejeje, pero no tanto como ella, desde luego. Al oírme, ha pegado un respingo, me ha mirado con ojos de asesina y me ha preguntado que de qué estaba hablando. Y yo se lo he contado todo todo todo… Imagínate su cara conforme se lo iba contando.

—Sí, me hago una idea. Y también me imagino su reacción.

—Pues sí, me ha arreado una torta de las buenas… Pero, ¿sabes una cosa? Ni me ha dolido. Simplemente me la he mirado fijamente a los ojos, he sonreído y le he dicho: «Ya sabes lo que se siente». Me he dado media vuelta y me he venido para acá.

—Sí, ya veo que aún tienes las marcas de los dedos en la cara. Anda, quédate ahí, que te voy a poner un poco de hielo, a ver si lo podemos disimular un poquito.

La niña pegaba con ganas; dudaba de que esos cinco dedos desaparecieran antes de un par de días.

—No sé si estoy majara pero en el fondo me da pena de ella, y tengo una especie de cosa rara en la barriga…

—Remordimientos, Angelito, eso se llama remordimientos —le respondí desde la cocina, mientras envolvía los cubitos de hielo en un trapo—. Si es que en el fondo eres un tontorrón, con mala leche, eso sí, pero un tontorrón, al fin y al cabo. Anda, ponte esto en la cara, a ver si podemos conseguir que tu hermana no lo vea. Por cierto, ¿por dónde anda?

—Ufff, joder, cómo duele esto… Pues creo que está en casa, pero yo la dejé acostada…

—Ya, me lo imaginaba.

—Joder, tío, no veas cómo está el barrio de revolucionado; he tenido que contar la historia unas mil veces.

—Bueno, eso es cosa de un par de días; ya verás como para la semana que viene ya nadie nos señala por la calle.

—Ya, hombre, ya…, pero no veas si mola eso de la fama.

—Pues ya sabes, si lo prefieres, te dejamos la cara así y decimos cómo ha sucedido; verás lo famoso que te haces en el barrio.

—Ejem, ejem, esto… No, si a mí me da igual. Verás, como que no me importa… Además, eso de la fama es un rollo; al final te cansas de los fotógrafos, las cámaras…

—Anda, anda, que tienes un morro que te lo pisas… Bueno, levanta el culo y tira para tu casa. Si ves a tu hermana dile que tengo que hablar con ella de un asunto, ¿de acuerdo?

—Vale, tronco, se lo diré. Y ándate con cuidado que lo mismo sales en la portada del Semana.

—Descuida, descuida…

Perdida toda esperanza de recuperar el sueño perdido me senté en el sofá intentando, al menos, que descansara el cuerpo ya que era posible que lo hiciera la cabeza. Daba cabezadas cada dos por tres, pero no podía pasar de ahí; como máximo, dos minutitos de sueño ultraligero, y pare usted de contar. En uno de de esos barbillazos contra el pecho, alguien llamó suavemente con los nudillos y deslizó un pequeño sobre por debajo de la puerta. Eso me llamó soberanamente la atención; el único correo que recibía en casa lo constituían extractos de la nada bancaria, recibos, domiciliaciones, las revistas a las que estaba subscrito y propaganda del último centro comercial abierto en el barrio. Así que de cartitas por debajo de la puerta nada de nada. Además, estaba el hecho de que no habían esperado a que abriera, lo cual sólo me dejaba dos posibilidades: una, que el cartero fuera el hombre o mujer más tímido del mundo o dos, que el remitente no deseara cruzarse conmigo. Rápidamente, me decanté por la segunda opción porque Rafa no tenía nada de tímido, y si no que se lo preguntaran a una de las vecinas del bloque de al lado que aún anda con los trámites de la separación.

En vista de que la teoría del caos no se manifestaba empujando a todo el aire de la habitación para que se confabulara y trajera el sobre hasta mis pies, tuve que arrastrarme hasta la puerta, agacharme y recoger un pequeño sobre blanco del suelo. La blancura se rompía con la negrura de seis pequeñas letras, escritas con la típica caligrafía de una mujer joven. Lo que nos faltaba: una cartita de Amparo. El primer impulso fue el de convertirla en confeti; el segundo, usarla como papel higiénico; y el tercero, simplemente devolverla por debajo de la puerta de una suave patada. Pero, en el fondo, estaba deseando conocer qué demonios era lo que contenía; si disculpas, maldiciones en varias lenguas o un pequeño dispositivo de relojería. Así que me decidí a abrirla. De todas maneras, no tenía fuerzas ni para romper un sobre. En cuanto a la bomba, si llevaba alguna ya era demasiado tarde porque sobre la mesa estaba el sobre abierto y a su lado un folio escrito.

«Querido Juan…» —vaya, ahora querido— espero que te encuentres bien y que hayas descansado lo suficiente… —mira, se desvive por mí—. Me he enterado de todo esta mañana y me ha pillado de sorpresa. No esperaba que Odón fuera de esa clase de personas; no era un tipo normal, pero no creía que pudiera llegar hasta ese extremo… —hombre…, normal, normal, no era no—. Te preguntarás qué tengo yo que ver en todo esto… —pues sí, me lo pregunto—. Es todo un poco enrevesado, pero cuando te lo explique lo entenderás… —soy todo ojos—. Verás, yo entré hace tiempo en una de esas webs de las que es propietario Jaime Calahorra, para mandar algunas fotos mías… —vaya, vaya…—, bueno, no pienses nada raro de mí; en cierta forma me daba, y me da, mucho morbo que cualquier desconocido pueda verme desnuda, así que eso fue lo que me llevó a mandarle mis fotos. Luego, con el tiempo, se puso en contacto conmigo para ver si era capaz de grabar unos videos con un amigo suyo. Sí, con Odón… —joder, que tía…—, me lo pensé un tiempo pero al final acepté; eso era darle una vuelta más de tuerca a mí, digamos, especial percepción del sexo… —y que lo digas—. De esa manera fue como lo conocí. Usábamos las clases particulares como una tapadera para poder vernos, concertar citas, preparar los videos, todo eso mientras su mujer estaba fuera, de compras, o en el gimnasio… —no, si de tontos no tenían ni un pelo—. Pero luego te cruzaste tú; no creas que te miento, te estoy siendo muy sincera. Me atraías y me atraes mucho, por eso me acerqué a ti; eres tan… Tan blandito, tan miedoso, que me dabas un poquito de lástima pero luego vi que tenías tu encanto y no como la mayoría de los hombres que conozco, que son todos unos babosos… —hombre, qué halago—. La tarde de lo de la bañera subí a tu casa dispuesta a llevarte a la cama de una vez; es muy sencillo parecer que has llorado, sólo hay que dejar que te entre en los ojos el humo de un cigarrillo… —joder con la niña—. Pero cuando pasó lo que pasó, creí que lo tenías preparado con Odón o con Jaime, no sé, algún numerito raro, cualquiera sabe. Por eso me fui muy enfadada de tu casa, porque pensé que todo no era más que otra de las gracias de Odón y Jaime. Y me quité de en medio, no por nada, sino porque vi que las cosas estaban un tanto fuera de lugar. La muerte de Remedios me hizo pensar que había asuntos turbios y no quería verme envuelta en ellos. Así que hice el petate, y me volví al pueblo de mis padres. Y ahora he regresado cuando me he enterado de todo; veo que en el fondo no eres sino lo que vi, un hombre sencillo, tierno y algo tonto, pero encantador. Fue muy divertido estar a tu lado y espero que algún día te vuelvas a cruzar en mi camino. Un beso.

 

Tócate las narices y la entrepierna a la par. Vaya con la niña, si es que la ESO ha hecho mucho daño. ¿Cómo reaccionará nuestro héroe ante tales letras? ¿La quemará? ¿La enmarcará? ¿La enmarcará y luego la quemará? Todo eso y más en las próximas entregas de “Juan Cacho o un cacho de Juan”.

Anuncios

Gracias por dejar tu comentario...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s