Capítulo 12: Cinco dedos marcados, una nota y un café pendiente (versículo tercero)

Terminé de leer la carta y la dejé sobre la mesa. Volví a cogerla y la releí unas tres veces, creo recordar. No estaba seguro de si enfadarme, sentirme halagado o yo qué sé; la cuestión tenía narices. A mi edad, envuelto en jueguecitos de lolitas revoltosas con ganas de cachondeo, pero eso sí, le parecía tonto y encantador. Manda huevos… En fin, que le íbamos a hacer; me resultaba curioso que, a mis años, pudiera atraer a una chica como Amparo; no era algo que me sucediera todos los días ni todos los meses ni todos los años. Así que, en cierta forma, me halagaba. Pero por otra parte me sentía utilizado, usado en los juegos eróticos de una jovencita insaciable y buscadora de nuevas sensaciones. O sea, que no sabía qué carajo pensar ni a qué demonios atenerme. Lo más lógico era olvidarlo todo y no darle más vueltas a la cuestión.

Los días fueron pasando y las aguas volvieron a su cauce; ya casi no me señalaban por la calle no me asediaban a preguntas ni se santiguaban a mi paso. Así la vida era más cómoda; lo jodido era que había perdido el trabajo, por lo que me encontraba con una mano delante y otra detrás. Por suerte, Vicente tenía unos ahorrillos guardados —no me pregunten cómo ni de qué manera— que nos servirían para echar el verano mientras yo encontraba otro trabajo.

Una tarde, cuando terminé mis clases con Ángel, me crucé con Nieves en el descansillo de la planta; hacía casi una semana que no la veía y no habíamos vuelto a hablar del tema ni de nada de nada.

—Hola, vecina, ¿cómo estamos?

—Pues nada, vecino, vengo de trabajar. Y tú, de darle clases a mi hermano, ¿no?

—Pues sí… —El ambiente era algo tenso entre los dos y el aire se estaba poniendo espeso. No sé, era como si hubiera asuntos pendientes que tratar pero ninguno de los dos tuviera el valor suficiente para afrontarlos—. ¿Tienes algo que hacer ahora?

—¿Ahora? Pues… No sé, la verdad…

Huy, qué poco me gustó esa respuesta; sonaba a espérate que busque una excusa para poder escaparme de aquí.

—Bueno, supongo que estarás atareada… Quizás otro día… «Cobarde, más que cobarde».

Eché a andar escaleras arriba con el peso del miedo en las piernas.

—¿Y para qué quieres saberlo? —me contestó cuando casi llegaba a la siguiente planta. Me volví raudo y veloz escaleras abajo. Casi patino un par de veces y me dejo mi escaso culo entre los peldaños.

—Bueno, como tenemos un café pendiente, pues me preguntaba si ahora…, es decir, si no tienes nada que hacer… Pues eso, podríamos tomarnos uno… Pero si ahora no puedes, pues nada, en otra ocasión, que hay más días que ollas…

—Ya, Juan, ya, para ya. Venga, vamos a tomárnoslo —y tal y como terminó la frase me tomó del brazo mientras llamaba al ascensor—. Pero nada del Dos Tercios…

—Nonononononono, donde tú quieras; si a mí me da lo mismo, yo no tengo ninguna preferencia especial. Vamos, que me da igual…

—Vale… Pues entonces llévame al Parador de Gibralfaro, que tiene unas vistas muy bonitas y esta noche está la luna llena.

—Estupendo. Genial. Qué buena idea… No se me había ocurrido…

—Pero prométeme una cosa.

—Lo que quieras. Lo que sea. Lo que haga fal…

—Júrame que en tu coche no hay cámaras.

F I N

Fín. Sí. Se acabó. ¿Qué esperabas? Todo tiene un final, pero… Quizás pronto la historia continúe. Sí. Quién sabe. A lo mejor. Es posible. No prometo nada pero… Si te empeñas, y me lo pides de buenas maneras, y la Merkel tiene mejor cara… Todo puede pasar. Estén atentos a sus pantallas.

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3 thoughts on “Capítulo 12: Cinco dedos marcados, una nota y un café pendiente (versículo tercero)

  1. ¡Bien… aquí va mi crítica! ME GUSTÓ!!!! Es divertida, con un toque de suspenso y algo malévola. Lo malo, el lenguaje coloquial que sueles usar: “Me cago en la leche y esas cosas…” Me perdía cuando lo leía. Si te quieres dar a conocer por Latinoamérica u otros países, debes tener cuidado de no emplear modismos que sólo es conocido en ciertos lugares del planeta.
    La historia me dio una mala impresión en los primeros capítulos: el típico treinteañero con fantasías sexuales con una jovencita. Me dije… “otro más…” Pero me equivoqué, la historia dio una vuelco de 180 grados cuando Nieves entró en la trama. Ahí no pude despegar los ojos de la pantalla y terminé la novela en un par de horas.
    Los personajes principales y secundarios me encantaron, cada quien cumplió las espectativas requeridas para entretener al lector. De Amparito, sospechaba que era una resbalosa desde un principio (las mujeres tenemos olfato para eso) y de Ángel, me pareció genial su venganza, pero me dá la impresión que al chico como que le sigue gustando ella, ¿o estoy en un error?

    Espero no sonar pedante, no es mi intensión, sólo soy algo sincera (algunos escritores por Twitter me han aplicado el “Unfollow” por decir la verdad), pero no soy tan cruel. Además… tampoco soy perfecta.

    Te felicito, tienes talento. Te seguiré leyendo.
    Besos.

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